Articulo de Opinión
Perros, caballos y gatos están con
nosotros desde que tenemos memoria y forman parte de "la
circunstancia del Yo" con que nos ilustró Ortega y Gasset.
El hoy de la noticia se concentra en el perro, animal que
siempre estuvo en la historia del hombre, que integra familias;
cuyo mejor perfil está en que no son de humor variable, típico
en el hombre. Su ladrido es imitación de la voz humana, algo que
le llegó con siglos de compañerismo. Por eso, los perros
salvajes y los de reciente domesticación, como los siberianos,
aúllan como los lobos y los coyotes.
Todo lo que conozco sobre perros es una mezcla; empirismo de
base y apoyo superficial de textos. Digamos, siempre me gustaron
y he leído un poco sobre sus características. Soy un perrero
ilustrado.
Y ahora saltan los perros peligrosos, por mala menta y peor
información. En la mira, los rottweiler, ya que hace algunos
días uno de ellos dejó manca a su dueña, otro mató a una beba y
anteayer uno atacó a su dueña, todo en cercanías de donde vivo,
en la zona de La Plata.
Está claro que todos los perros del mundo no valen nada en
comparación con la vida de esa niña. Pero no dejemos que la
bronca nos ciegue. Los peligrosos somos nosotros, los humanos.
Los perros, no. Son como son porque así los hicimos.
Los que están en la crujía de los últimos años son, además de
los rottweiler, los dogos argentinos, los ovejeros alemanes, los
pit bull terrier y los dobermann, entre muchos otros.
Fueron todos conformados con un fin utilitario y perfil
violento, para la guerra y la caza; para peleas entre perros;
defender los rebaños; para proteger al grupo familiar.
Y es mucho lo que ignoramos. Digo, cuando uno compra un
rottweiler, ¿sabe lo que significa el perro alfa y el dueño alfa
en el vínculo entre animal y familia? Poco. ¿Sabemos cómo se
elabora la conducta del perro cuando forma parte de un grupo?
Seguro que no.
Entonces, demos vuelta la cuestión: el rottweiler ataca sólo
porque sus dueños no saben lo que están haciendo respecto de sus
propias capacidades cuando compran el cachorro de un animal que
va a ser fuerte y moloso.
Tuve y tengo perros y así será, si Dios quiere, hasta el día
final. Pero de pronto me entero de que hay en el país unos
15.000 rottweiler, animal al que conozco de ahora nomás y con el
que no tengo afinidad, porque desconfío de mi capacidad actual
para tratar con ellos.
La cuestión estriba en la novedad: perros de gran porte y fuerte
carácter, hasta hace unos años perfectos desconocidos en estas
latitudes, son comunes en casas de familia. ¿Por qué esas
multitudes? La respuesta está aquí, en el corazón del miedo que
nos domina desde que el Estado dejó de protegernos según su
obligación.
Los peligrosos son los ladrones, que saltan la tapia y
desbaratan para siempre una familia; los peligrosos son los
responsables de la seguridad, que no cumplen bien con sus
funciones; los peligrosos, finalmente, son los que, llevados por
el miedo irracional, compran armas de fuego sin saber usarlas o
compran perros que "meten miedo" sin saber cómo tratarlos y
convivir con ellos.
City Bell, donde vivo, está lleno de perros "bravos". Y,
sabemos, los robos, violaciones y asaltos siguen en su apogeo.
No es, entonces, una manada de lobos rabiosos la herramienta
para conjurar el peligro social. Y tampoco es cuestión de
empezar por matar a los perros. El sendero es otro. Cuando lo
hallemos, nuestros canes queridos volverán a su hermosa
condición de pichichos.