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Articulo de Opinión

 

Los peligrosos somos los hombres

Por Martín Carrasco Quintana
 

Perros, caballos y gatos están con nosotros desde que  tenemos memoria y forman parte de "la circunstancia del Yo" con que nos ilustró Ortega y Gasset.

El hoy de la noticia se concentra en el perro, animal que siempre estuvo en la historia del hombre, que integra familias; cuyo mejor perfil está en que no son de humor variable, típico en el hombre. Su ladrido es imitación de la voz humana, algo que le llegó con siglos de compañerismo. Por eso, los perros salvajes y los de reciente domesticación, como los siberianos, aúllan como los lobos y los coyotes.

Todo lo que conozco sobre perros es una mezcla; empirismo de base y apoyo superficial de textos. Digamos, siempre me gustaron y he leído un poco sobre sus características. Soy un perrero ilustrado.

Y ahora saltan los perros peligrosos, por mala menta y peor información. En la mira, los rottweiler, ya que hace algunos días uno de ellos dejó manca a su dueña, otro mató a una beba y anteayer uno atacó a su dueña, todo en cercanías de donde vivo, en la zona de La Plata.

Está claro que todos los perros del mundo no valen nada en comparación con la vida de esa niña. Pero no dejemos que la bronca nos ciegue. Los peligrosos somos nosotros, los humanos. Los perros, no. Son como son porque así los hicimos.

Los que están en la crujía de los últimos años son, además de los rottweiler, los dogos argentinos, los ovejeros alemanes, los pit bull terrier y los dobermann, entre muchos otros.

Fueron todos conformados con un fin utilitario y perfil violento, para la guerra y la caza; para peleas entre perros; defender los rebaños; para proteger al grupo familiar.

Y es mucho lo que ignoramos. Digo, cuando uno compra un rottweiler, ¿sabe lo que significa el perro alfa y el dueño alfa en el vínculo entre animal y familia? Poco. ¿Sabemos cómo se elabora la conducta del perro cuando forma parte de un grupo? Seguro que no.

Entonces, demos vuelta la cuestión: el rottweiler ataca sólo porque sus dueños no saben lo que están haciendo respecto de sus propias capacidades cuando compran el cachorro de un animal que va a ser fuerte y moloso.

Tuve y tengo perros y así será, si Dios quiere, hasta el día final. Pero de pronto me entero de que hay en el país unos 15.000 rottweiler, animal al que conozco de ahora nomás y con el que no tengo afinidad, porque desconfío de mi capacidad actual para tratar con ellos.

La cuestión estriba en la novedad: perros de gran porte y fuerte carácter, hasta hace unos años perfectos desconocidos en estas latitudes, son comunes en casas de familia. ¿Por qué esas multitudes? La respuesta está aquí, en el corazón del miedo que nos domina desde que el Estado dejó de protegernos según su obligación.

Los peligrosos son los ladrones, que saltan la tapia y desbaratan para siempre una familia; los peligrosos son los responsables de la seguridad, que no cumplen bien con sus funciones; los peligrosos, finalmente, son los que, llevados por el miedo irracional, compran armas de fuego sin saber usarlas o compran perros que "meten miedo" sin saber cómo tratarlos y convivir con ellos.

City Bell, donde vivo, está lleno de perros "bravos". Y, sabemos, los robos, violaciones y asaltos siguen en su apogeo. No es, entonces, una manada de lobos rabiosos la herramienta para conjurar el peligro social. Y tampoco es cuestión de empezar por matar a los perros. El sendero es otro. Cuando lo hallemos, nuestros canes queridos volverán a su hermosa condición de pichichos.